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Prospectiva. Gerardo Mosqueda – El Sol del Bajío

¡Si los controlan! ¡No los controlan!

Desde luego que me refiero a la polémica que se ha desatado entre los dichos del presidente y el informe de los obispos mexicanos respecto a la presencia de los cárteles en distintos territorios del país.

En los antecedentes es necesario enmarcar la naturaleza del informe y desde esa perspectiva valorar la importancia y la trascendencia del mismo. Los obispos mexicanos tienen entre sus obligaciones de pastores de la Iglesia Católica presentar al Papa un informe cada cinco años acerca de la situación que guarda su iglesia diocesana, independientemente de quién haya ejercido la responsabilidad como obispo del lugar se hace un obligado referente a la situación de esa diócesis cinco años atrás.

En el contenido de ese informe hay aspectos eclesiales, como es de suponerse, hay temas de carácter sociológico, pero más allá de las opiniones personales hay métodos de trabajo para describir la realidad… Este es el punto más importante, con qué indicadores ha evolucionado la realidad diocesana.

Una diócesis es un pequeño territorio donde puede ser que haya unos dos millones de personas, independientemente de la religión que practican, en el país hay más de cien diócesis, abarca todo el territorio nacional y cuando se trata de sintetizar los contenidos de los informes se producen, como en todo informe, una serie de indicadores que ayudan a revelar y comprender la realidad de una nación.

Así que la afirmación de los obispos no es una elucubración, tampoco una estimación producida de la lectura o de la organización de algún seminario… es la información que se obtiene de los informes que a su vez reciben de la estructura eclesiástica que hay en todo el país.

Los grupos criminales siguen tomando zonas del país como cotos de poder e influencia derivado de sus acciones y negociaciones entre ellos y desde luego autoridades civiles, de orden, de seguridad, militares… estas organizaciones actúan con total libertad e impunidad y avanzan, desgraciadamente.

El jefe del estado mexicano después de cuatro años negando que en el país se espíe tiene que reconocer (haciéndose bolas…) que existe un aparato de inteligencia operando por militares, que no han dejado de informar y espiar a ciudadanos defensores de derechos humanos y a periodistas (es lo que sabemos hasta hoy por los informes que han trascendido de la plataforma de Guacamaya Leaks y que nunca han desmentido.

A través de esa plataforma los mexicanos nos hemos enterado de los privilegios de los hijos y de los amigos del presidente, de los contratos millonarios de los militares asignados “a dedo” (sin licitación), de las mentiras del presidente que han sido contabilizadas por expertos en comunicación política y que hasta nos cuesta trabajo creer y sin embargo cuando se publican las evidencia sólo queda el recurso de la distracción con alguna vaguedad sin sentido, pero de la que siempre son responsables los conservadores y los neoliberales, es decir, todo el que no esté de acuerdo con las versiones fantasiosas del presidente de México.

Ante la pregunta obligada sobre el control territorial de las organizaciones criminales, la respuesta del presidente es una pregunta al gobierno de Estados Unidos (sic) ¿a cuántos miembros de los cárteles han detenido en Estados Unidos?

El presidente no tiene claro qué responder cuando la pregunta tiene que ver con la presencia del crimen organizado en el país. Prefiere informar que si se espía “pero nada más poquito… “cuando hay aparatos gubernamentales que no se informa cuánto cuestan, al servicio de quién están trabajando y porque no presentan información de las organizaciones criminales. Como si no existieran.

Lo que se sabe es que estos aparatos de espionaje se usan para informar sobre mexicanos que defienden derechos humanos, periodistas y esperaremos a saber de qué otros personajes se cuida el presidente y sus tribus. Cero informaciones sobre la actuación de las organizaciones criminales.

Así que ante el informe de los obispos la respuesta del presidente no existe, es una más de sus evasivas… mientras se sigue deteriorando la seguridad nacional, la confianza de los ciudadanos en sus gobiernos y, desgraciadamente, sigue creciendo el número de crímenes dolosos, como nunca en la historia del país.

Las organizaciones criminales controlan no sólo territorios, sectores productivos, instalaciones de comunicación y traslado de mercancías, pero lo más lamentable, por si no fuera suficiente lo que ya vemos, siguen operando la venta y distribución de todo tipo de drogas en la sociedad.

Las drogas matan. Esa es la premisa que debería estar en nuestro análisis y razonamiento del problema, la sociedad consumidora que sigue avanzando a niveles insospechados de daño físico y emocional desde la adolescencia temprana expuesta a la presencia de estas organizaciones criminales.

Ante toda clase de evidencia lo único que sabe hacer el presidente es desviar la atención, salir por una tangente y una vez más inventar o simplemente repetir un distractor.

Las organizaciones criminales controlan grandes extensiones de territorios del país, siguen creciendo y la negativa del presidente es su mejor sustento. Para el presidente el problema no existe.

Hasta la próxima en PROSPECTIVA.

José Gerardo Mosqueda Martínez, Presidente del Instituto de Administración Pública de Guanajuato

gmg@gerardomosqueda.com.mx

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