Ante los acontecimientos recientes en nuestra querida Latinoamérica, con un presidente del Perú Pedro Castillo destituido por “permanente incapacidad moral”; y una vicepresidenta de Argentina Cristina Kirchner condenada a 6 años de prisión por corrupción; con unas elecciones en Brasil bastante dudosas en sus resultados, que han desatado grandes manifestaciones contra la próxima presidencia de Lula Da Silva por sus escándalos de corrupción; y nuestro amado México donde este tipo de cosas son el pan de cada día. Son temas que necesitamos reflexionar con más profundidad para entender la raíz de estas vergonzosas crisis en las que nos hemos visto sumergidos vez tras vez.
Pensemos que tanto peruanos como argentinos en este marco de acontecimientos recientes, están cargados de esperanza de un mejor futuro para sus países, de la misma manera que brasileños y mexicanos podemos estarlo para los nuestros; un futuro brillante que siempre hemos anhelado no solo en esta generación sino en generaciones pasadas, donde incluso hemos tenido héroes que entregaron su sangre bajo este ardiente deseo.
No obstante, para ver cristalizada esta esperanza, necesitamos comprender, por lo menos un núcleo considerable de personas, que este gran sueño para nuestras naciones, no vendrá de manera unilateral del gobierno hacia los gobernados, al contrario, tendrá que venir en gran medida de parte de los gobernados hacia las esferas del gobierno.
Analicemos un poco más, América Latina ha venido luchando por más de 500 años por ver la paz, la justicia, la prosperidad y el auténtico bienestar en estas tierras, lo ha buscado a través de un cristianismo institucionalizado (religión), lo ha buscado a través de revoluciones sangrientas, lo ha buscado a través de candidatos que ve como mesías salvadores, lo ha buscado a través de ideologías populares como el socialismo y el comunismo, y nada de esto le ha permitido lograrlo y sostenerlo.
Porque necesitamos entender que las naciones son personas, las naciones forman países y no al revés, entonces, son las personas las que bajo sus creencias, valores morales y costumbres determinan la cultura y por ende la política de su sociedad, si esto es así, el desafío central radica precisamente en las creencias y en los valores morales de las personas.
Si un conjunto de personas creen que el papel de su gobierno es darles un pedazo de pan y becas para sus hijos, ellas crean este tipo de gobierno socialista que poco a poco les quitará su libertad, pero si estas personas cambian su manera de pensar y valoran su libertad, entonces pensarán en un tipo de gobierno con funciones limitadas que les permita desarrollar su creatividad, ser innovadores, y que mantenga el derecho de los ciudadanos a la propiedad privada, al libre mercado y a la libertad de expresión, así como su derecho a disfrutar del fruto de su trabajo honrado.
Entonces, este es el mayor desafío para Latinoamérica, su manera de pensar respecto a sí misma, respecto a la vida y respecto a la política, así como a las funciones de un gobierno. No parece fácil, porque son creencias arraigadas de generaciones, pero no es imposible, porque ya están surgiendo personas en estas regiones, personas que comprenden que Latinoamérica ha tenido mucha religión, pero nunca ha experimentado las ideas de la ética bíblica y que están dispuestas a ser la diferencia bajo esta ética para iniciar el cambio en estas tierras ávidas de verdadera libertad.
“Mientras menos códigos morales internos tenga una nación, eso dará como resultado que el gobierno tendrá que aprobar más códigos legales exteriores para mantener el orden, y cada nueva ley se llevará otro pedacito de la libertad individual.” –William J. Federer.
“Mientras los pueblos son virtuosos, no pueden ser subyugados, pero una vez que han perdido sus virtudes, estarán listos para entregar sus libertades al primer invasor externo o interno. Si es que queremos disfrutar de ese don del Cielo, seamos un pueblo virtuoso.”–Samuel Adams.
“Ningún hombre puede estudiar el movimiento de la civilización moderna desde un punto de vista imparcial sin darse cuenta de que el cristianismo (ética bíblica) y la difusión del cristianismo (ética bíblica) son las bases de la esperanza de la civilización moderna.” – William J. Federer.
“Cualquiera que introduzca en los negocios públicos los principios del cristianismo primitivo (ética bíblica), cambiará la faz del mundo.” –Benjamín Franklin.
“La Biblia debe ser considerada como la gran fuente de todas las verdades por las cuales los hombres deben guiarse en el gobierno y en todas las transacciones sociales…La Biblia es el instrumento de toda la reforma de la moral y la religión. Los males morales constituyen o producen la mayoría de los sufrimientos de la humanidad y pueden ser prevenidos o evitados. Que se recuerde entonces que la desobediencia a las leyes de Dios, o pecado, es la causa que produce casi todos los sufrimientos de la humanidad. Dios ha formado el sistema moral de este mundo de tal manera, que si los hombres se conforman a Su voluntad, eso produce paz, prosperidad y felicidad, y la desobediencia a Su voluntad o leyes, produce inevitablemente el sufrimiento. Si los hombres son desventurados, es porque rechazan el gobierno de Dios y buscan un bienestar temporal en aquello que produce con certeza el mal… Los hombres pueden idear y adoptar nuevas formas de gobierno; pueden enmendar las viejas formas, reparar las brechas y castigar a los violadores de la constitución, pero no hay ni podrá haber un remedio efectivo que no sea la obediencia a la ley divina.” –Noah Webster.
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Artículo escrito por: Alejandra Pimentel Sánchez. Licenciada en Ciencias de la Familia.