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De Perfil | César Costa, el rockero impecable – El Sol del Bajío

Cuando el rock and roll llegó a su vida, él ya sabía cómo hacer música. Empezó con el piano, que luego cambió por el violín y más tarde por la guitarra. A los dos primeros instrumentos lo introdujo su madre Josefina Schreurs, que era concertista, pero cuando César Costa eligió la guitarra determinó su destino.

“Cambié el violín porque era muy incómodo llegar a un lugar, abrir el estuche y empezar a tocar. Lo cambié por la guitarra y empecé a cantar canciones muy sencillas, canciones mexicanas, como un Cielito lindo. Pero al llegar el rock and roll empecé a tocar la guitarra con mayor intensidad”.

Con una gran memoria para recordar los detalles, los nombres y los momentos precisos, uno de los cuatro íconos de la época del rock and roll en México, recuerda en entrevista con El Sol de México los pasajes más importantes de su vida profesional y los proyectos que aún anhela concretar, como la realización de una telenovela inspirada en la película Rocco y sus hermanos que en 1960 dirigió Luchino Visconti y que narra la vida de una familia que se muda de un pueblo para buscar una mejor oportunidad de vida.

“Me gustaría poder hacer una adaptación para una telenovela, sería un éxito enorme, todavía es válida, hay muchas historias”.

“Se puede hablar de esta tercera edad que estoy viviendo, la relación de un abuelo con un nieto, hay tantas cosas que hacer, depende de la imaginación de los escritores y productores”, explicó quien en su juventud fue conocido como el niño bueno del rock and roll.

Y a sus 81 años no ha perdido esa esencia, César Antero Roel Schreurs, encontró en el ritmo que causó revuelo en la década de los años 60 la oportunidad de buscarse la vida.

“El rock significó abrir las alas, poder empezar a conocerme a mí mismo, a independizarme a encontrar mi propio camino, significó muchas cosas importantísimas para mí. Y el gran éxito del rock fue un rompimiento tremendo, realmente fue el idioma de la juventud que no tenía una identidad propia. Antes los adolescentes eran unos bichos raros”, explica el cantante y compositor.

Nacido en la colonia Condesa de la Ciudad de México, tuvo una formación académica que inició en el Colegio Alemán, y culminó en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde cursó la carrera de Derecho, profesión que prácticamente no ejerció, pues desde su adolescencia se interesó en la música.

DE LOS CAMISAS NEGRAS A PAUL ANKA

El primer grupo musical en el que incursionó fue Los Camisas Negras, al cual se sumó en 1958, y fue en esa etapa cuando comenzó a desenmarañar el mundo del rock and roll. En su opinión, la película Rebelde sin causa de James Dean, fue el inicio de este movimiento, pues dotó a los jóvenes de la época de su propia manera de vestir, actuar y pensar.

La facilidad con la que se impregnó entre las comunidades artísticas, se debió a que con tres pisadas se podía hacer una canción, y gracias a ellos varios músicos comenzaron a expresarse a través de este género, llevándolo a perdurar durante varias décadas.

“Las personas mayores decían que no duraría más que seis meses, que era una moda pasajera, y eso se fue alargando, tengo 63 años de haber iniciado mi carrera artística, el rock seguirá porque fundó unos cimientos muy fuertes y básicos”.

Recuerda que se hacían tardeadas donde se presentaban los grupos, ahí coincidía con Enrique Guzmán, que cantaba con Los Teen Tops. Angélica María empezó a cantar más tarde, “estaba muy dedicada al cine, ella empezó su carrera como actriz y Alberto Vázquez no fue realmente rocanrolero, uno de sus grandes éxitos fue 16 toneladas, pero antes él ya cantaba, se presentaba en un lugar que se llamaba El Afro, por Insurgentes Norte, se incluyó al rock and roll después. Al principio fuimos Enrique y yo que surgimos de grupos”,

Una vez que abandonó Los Camisas Negras (en 1961), tomó una decisión que marcaría su vida: cambió su apellido. A partir de ese momento sería conocido artísticamente como César Costa.

“Mi padre se llamaba César Roel, era un abogado muy respetable, y no quise utilizar ese nombre. No quería que lo asociaran con esa bola de locos rebeldes sin causa, así que me cambié el nombre a César Costa”.

“(Lo decidí) con dos queridísimos amigos, uno era Martín de la Concha y el otro era Manuel Echeverría, él fue quien me llegó con ese nombre, inspirado en Don Costa, arreglista de Paul Anka”.

Una de las figuras más importantes en su carrera fue precisamente Paul Anka, cuyo tema Mi pueblo, en la versión en español, fue el primero que tuvo la oportunidad de cantar cuando estaba en proceso de convertirse en solista.

“No había muchos cantautores en esa época, uno de ellos era Paul Anka. No había música de jóvenes, y él fue muy prolífico. Estuvo escribiendo bastante, canciones como Diana o Besos”, cuenta.

“Perdonen mi falta de modestia, pero creo que las versiones que hacíamos de sus canciones eran muchísimo mejor, porque llevaban un sabor latino y una cadencia que no tenían las originales”.

Entre sus éxitos más conocidos destacan No existe el amor, Historia de un amor, Besos por teléfono, Historia de Tommy, Amor loco (del cual él hizo la letra), El tigre, Muchachito solitario, Tímida y Mi única ilusión.

Esta etapa fue un desafío para él, pues “estaba acostumbrado a estar rodeado de pocas personas, y de pronto había 18 músicos en el estudio. Para mí fue un impacto bárbaro, pero me sobrepuse”.

UN ESTILO SENCILLO PERO EFECTIVO

Al preguntarle cómo desarrolló su estilo, esbozó una sonrisa, y respondió que simplemente trató de tener una buena dicción para que la gente entendiera sus canciones, y el resto se lo dejó a las condiciones de la industria en aquel entonces.

“Como no había novedades en esa época, había tres o cuatro novedades al mes, esto tuvo un impacto a nivel nacional. A los seis o siete días ya era un éxito muy importante”, recordó el cantante.

A partir de la década de los sesenta, en colaboración con la compañía Orfeón, comenzó a sacar discos que lo mantuvieron como uno de los favoritos de la escena del rock, junto con Angélica María, Enrique Guzmán, y Alberto Vázquez, con quienes hasta hace menos de cinco años ofrecía giras enfocadas en el rock and roll.

MARCÓ ÉPOCA EN LA TELEVISIÓN

Además de formar parte de la etapa de auge del rock, participó en más de 10 películas, muchas de ellas inspiradas en las canciones que se fueron éxitos, pero cuando el rock se convirtió en historia, supo adaptarse a los tiempos y mantenerse vigente con los programas de televisión La carabina de Ambrosio; Papá soltero y Un nuevo día, además de participar en el Festival OTI, con la canción Tierno.

La carabina de Ambrosio surgió a raíz de una serie de conversaciones que tuvo con el productor Humberto Navarro, a quien le externó su deseo de hacer un programa donde él fuera el patiño, y estuviera acompañado de personajes entrañables.

“Marcó una época estupenda en la televisión mexicana, había personajes maravillosos. Con Xavier López Chabelo, como Guillo el monaguillo y yo como El padre Chispita, luego el muñeco Cesarín y él como Pujitos. Estuvimos como ocho años al aire con un éxito bárbaro, y con un humor muy blanco”, señala.

Él aprendió a hacer televisión “observando, y cometiendo errores, pero tratando de cometer los menos posibles”.

Durante los casi 10 años que el show se mantuvo al aire, César constató que la calidad no está peleada con el rating, hecho que hoy día le ha impedido regresar a la televisión, pues los contenidos actuales no concuerdan con sus ideales como comunicador.

“Se han ido degradando todos los medios de comunicación, por desgracia. El camino más fácil es pensar que cada vez hay que decir más groserías, albures y pastelazos, y no es un tipo de humor que me interese. Es por eso que me he alejado de la televisión, lo que me han ofrecido no me interesa, prefiero mantener la imagen que tuve con mis programas”.

UN PADRE EJEMPLAR

Otro de estos programas que marcó su carrera fue Papá soltero (1987-1994), donde dio vida a un patriarca que cría solo a sus tres hijos. Fiel a su intención de ofrecer contenido para toda la familia, esta producción mantenía un humor muy blanco, que de hecho estaba inspirado en situaciones que el propio actor vivía con su familia.

“No era un padre estricto, sino un padre falible, que aprendía de sus hijos, y eso cayó muy bien en el público. Porque muchos amigos míos que eran papás solteros me decían que veían el programa porque les ayudaba mucho con sus hijos, a tratar los problemas de ser un papá soltero”.

“De mis mismas hijas tomaba ideas, no tenía que ser soltero para que hubiera problemas entre los hermanos y los hijos, realmente fue un disfrute enorme hacer este programa”, agregó.

DABA LOS BUENOS DÍAS

En la década de los noventa se sumó a otro proyecto que le brindaría un gran crecimiento profesional y personal: un matutino llamado Un nuevo día, el cual conducía al lado de Rebecca de Alba.

En éste tuvo el gusto de entrevistar a figuras como Plácido Domingo, Salma Hayek y el escritor Deepak Chopra. Según recuerda, muchas celebridades querían estar en ese espacio, pues era un lugar cómodo para ellos.

A nivel personal, César Costa asegura que “aprendí enormidades, porque entrevistar a cinco o seis gentes interesantes, estudiar su curriculum, ver a qué se dedican, qué hacen, fue un aprendizaje para mí maravilloso”.

El trabajo que ha realizado durante toda su vida lo ha dotado de una imagen impecable ante la audiencia, algo que celebra, pues le halaga saber que la gente se quedó con un buen sabor de boca.

“El público merece que uno dé su mejor esfuerzo, lo he hecho en estas tres producciones, la gente lo recuerda con mucho cariño a donde voy, no tengo palabras con que agradecer al público que de repente se acerca. Eso para mí es invaluable”.

UN ALTRUISTA DE CORAZÓN

A pesar de todo este camino recorrido en el mundo artístico, César considera que el mayor reto de su vida ha estado fuera de los reflectores, en su faceta como embajador de la UNICEF, título que ostenta desde 2004, siendo el primer mexicano en haber recibido este nombramiento.

“Es algo que me ha tocado muy profundamente, ver los diferentes Méxicos que existen, con las enormes carencias que tenemos y todo lo que nos falta por hacer. Llevo 25 años de ser miembro del Consejo y 15 de ser embajador, y me sigue moviendo mucho la niñez y la adolescencia mexicanas”.

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El también activista ha participado en charlas e iniciativas, y durante la cuarentena recaudó fondos a través de las campañas Juntos vencemos al Covid-19 y Desafío por la Infancia.

“No te imaginas los milagros que se producen cuando le tiendes la mano a una niña o un niño, y le das una buena educación”, señaló. “Si no hay vocación, no hay manera de progresar, he visto estos milagros cuando a uno de estos niños se le tiende la mano”.

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